EL IMPACTO DE LA GUERRA DE COREA Y LA “HISTERIA ANTI COMUNISTA”
"[…] En muchos aspectos, las consecuencias psicológicas de la guerra de Corea tuvieron mayor importancia que su repercusión económica. Tras conocerse la noticia del éxito de una prueba nuclear rusa en 1949 y hacerse público que el científico británico Klaus Fuchs había pasado secretos atómicos a la Unión Soviética en 1950, el recelo anticomunista fue en aumento; y la condena de Hiss (*) por perjurio aquel mismo año, así como el programa de lealtad aplicado por el gobierno federal, en lugar de aquietar los temores, no hicieron más que intensificarlos. Se explica así que cuando en febrero de 1950 el senador republicano por Wisconsin Joseph McCarthy anunció que tenía conocimiento de la existencia de comunistas en el departamento de Estado, se vieran confirmadas las sospechas de muchos americanos. Por otra parte, el paso de la guerra fría a la caliente de Corea contribuyó a crear una atmósfera en la que las acusaciones indiscriminadas, y a menudo inadmisibles, de McCarthy no sólo tuvieron audiencia, sino incluso respaldo popular. La circunstancia de que los soldados americanos estuvieran luchando contra el comunismo en Corea animó a muchos compatriotas suyos a buscar y calumniar a los comunistas y a sus simpatizantes dentro del país.
Las acusaciones de McCarthy dieron pie a la constitución de un subcomité senatorial que llegó a la conclusión de que eran falsas y fantásticas. Pero el senador encontró suficientes oyentes como para seguir adelante con su campaña […]. McCarthy sabía utilizar hábilmente la prensa, la radio y la televisión, que informaban sobre él incluso cuando no tenía nada que decir. Sus acusaciones eran complejas y generalizadas, mezclas de verdades, medias verdades y sospechas que no eran fáciles de desvirtuar y que llevaban los sentimientos anticomunistas a niveles próximos a la histeria. La pertenencia, presente o pasada, a cualquier organización reformista, liberal o intemacionalista resultaba sospechosa.
En septiembre de 1950, el Congreso aprobó una ley de seguridad interior (International Security Act o ley McCarran), haciendo caso omiso del veto presidencial, en la que se autorizaba a la Subversives Activities Control Board a investigar las actividades comunistas en los Estados Unidos. Dos años más tarde, fue aprobada una segunda ley McCarran (Inmigration and Nationality Act), vetada también por el presidente, por la que se exigía a todos los visitantes extranjeros una prueba de su lealtad.
Las dos disposiciones McCarran constituían una amenaza contra las libertades civiles reconocidas por la Constitución, pero ambas fueron confirmadas por el Tribunal Supremo. En 1951, el Tribunal confirmó la constitucionalidad de la ley Smith de 1940, que prohibía la enseñanza de las doctrinas revolucionarias de Marx y Lenin; simultáneamente, diversos subcomités del Congreso hurgaban en los antecedentes y en las vidas privadas de los funcionarios del gobierno y de otros sectores de la población. Si bien fueron muy escasos los comunistas procesados, mucha gente perdió su puesto de trabajo. Incluso las personas totalmente inocentes sufrieron de resultas de aquellas investigaciones.
Dentro de este clima de histeria y de temor, la mediocridad, el conformismo y la hipocresía lograron imponerse. Los primeros sospechosos eran los intelectuales, lo que redundo en perjuicio del ala liberal del partido demócrata. Cuando Adlai Stevenson se presentó como candidato presidencial demócrata en 1952, fue tachado inmediatamente de «cabeza de huevo» y acusado por sus contrarios de contemporizar con el comunismo. Determinadas revelaciones de corrupción en el seno de la Administración Truman debilitaron aún más las esperanzas demócratas, al tiempo que la guerra de Corea, que presentaba pocas perspectivas de rápida solución, incidía también negativamente sobre aquéllas. Cansado de controversias y tensiones, cruzadas y crisis, el pueblo americano, que estaba más preocupado por la conservación de sus logros económicos que por nuevos programas de reformas, -volvió sus ojos hacia el conservadurismo y la integridad personal del candidato republicano, Dwight D. Eisenhower. En un primer momento Eisenhower (1953-61) no se esforzó por contrarrestar la influencia del senador por Wisconsin; sus primeras medidas como presidente fueron precisamente de apaciguamiento. El programa de lealtad fue ampliado, extendiéndose a la totalidad de los organismos gubernamentales, y el primitivo criterio de «lealtad» fue sustituido por el más amplio de «riesgo para la seguridad», que abarcaba el consumo de alcohol, las relaciones sexuales, la dependencia de la droga, etc. El propio secretario de Estado, John Foster Dulles (1953-59), nombró a un partidario de McCarthy para el puesto de jefe de los servicios de seguridad de su Departamento. Pero el fin de la guerra de Corea, en julio de 1953, restó mucho impulso a McCarthy. Sus ataques contra el supuesto espionaje en las fuerzas armadas, en diciembre de 1953 y enero de 1954 fueron televisados, lo que precipitó su caída; en diciembre de 1954, el Senado le censuró por su conducta, acabando así con su carrera. Murió en 1957.”
FUENTE: W. Paul Adams, Los Estados Unidos de América, Siglo XXI Editores, México, 2000, pp. 353-355
(*) Alger Hiss (1904- 1996) fue un oficial del gobierno norteamericano acusado de ser espía soviético en 1948 y condenado por perjurio en 1950. Hiss cumplió cinco años de prisión, alegando su inocencia. El caso fue utilizado electoralmente por los republicanos para acusar a la administración demócrata de imprudencia en la defensa de la seguridad nacional.